
Por F. Xavier Agulló. Una de las consecuencias de la crisis económica ha sido la eclosión del low cost. Las marcas blancas o marcas de distribuidor han tomado cuota de mercado a las marcas de toda la vida, transmitiendo un dañino mensaje: sólo vale el precio. Ello tiene mucho peligro.
Del mismo modo que la búsqueda de ganacias a corto plazo hundió la economía, el contemplar sólo el corto plazo en nuestras compras, eligiendo sólo en base a precio, puede llevarnos a un círculo vicioso del que será más duro salir: menos precio significa menos costos, menos costos menos salarios, más deslocalizaciones y más industrias en quiebra... y menos capacidad de consumo. De ahí no se sale.
Más allá de este efecto económico, el low cost está generando un olvido del consumo responsable: ya no importa si es ecológico, si respeta los derechos humanos o no, si se ha producido con mínimos laborales responsables, si se han seguido las normas no ya del derecho sino de la responsabilidad social.
Ante ello hemos visto aparecer una campaña que parece totalmente coordinada por parte de las grandes marcas de consumo. Desde campañas como el sello Valor Seguro a menciones en los comerciales de que no se fabrica para 'otras' marcas (caso de Danone o Nescafé como muchos otros).
Las marcas es lo único que puede garantizar la responsabilidad social en los procesos, productos y organizaciones. El low cost sólo nos acerca al abismo del todo vale. No hay margen para más, sólo para recortes en todo.
El peligro no es la existencia en si misma del low cost, que siempre ha existido, sino que se consolide en los hábitos de consumo más allá de ser una moda pasajera. un recurso puntual o para determinados públicos concretos. Porqué el low cost parece 'responsable' porqué se preocupa por la economía doméstica, pero no tenemos que dejarnos engañar, es pan para hoy, pero hambre para mañana.


